Berués

Vino de la Cuenca, puesta en valor del patrimonio vitícola y enológico de la Cuenca de Pamplona basado en la variedad Berués.

Bodega Otazu, en su apuesta por la innovación en el sector vitivinícola, ha presentado un proyecto de recuperación de variedades autóctonas iniciado en 2017 en colaboración con la UPNA con el que se han logrado recuperar variedades cuyo cultivo era tradicional en los viñedos de la Cuenca de Pamplona hasta finales del siglo XIX. El proyecto ha estado dirigido por José Luis Ruiz (1975-2020), director técnico de Bodega Otazu, y Gonzaga Santesteban, profesor titular de Viticultura de la UPNA. Esta comarca llegó a tener casi 6.000 hectáreas de viñedo que desaparecieron prácticamente en su totalidad a finales del siglo XIX con la llegada de enfermedades como el oídio y la filoxera. Con la desaparición del viñedo, también se perdieron variedades que llegaron a tener un gran peso en la viticultura de la comarca.

Bodega Otazu Cepa-Berués
Cepa Berués, recién plantada en Bodega de Otazu
Bodega Otazu, Hoja Berués
Hoja Berués
Planta-Berues
Planta Berués

Entre ellas se encuentra el Berués, una variedad muy reconocida ya en el siglo XVII por la calidad de sus vinos. El Berués era una uva tinta de maduración temprana, grano pequeño y piel fina con la que se elaboraban vinos blancos, tintos y espumosos. En algunas referencias bibliográficas consultadas durante la investigación se han encontrado citas en las que se la describe como una variedad con calidad superior al Tempranillo y al Mazuelo, o incluso era requerida por parroquias como diezmo por su particular sabor.

Bodega Otazu, que en 1991 decidió recuperar la actividad vitícola en la Cuenca de Pamplona con la plantación de 110 hectáreas de viñedo, continúa apostando fuerte por la zona en la que se encuentra ubicada la bodega con este proyecto de recuperación de variedades con las que pretende elaborar vinos tan singulares como los que se producían hace 150 años. En 2017 el equipo de investigación comenzó una prospección de campo en zonas de la Cuenca en las que se tenía constancia de la existencia de viñedo en el siglo XIX, encontrando plantas aisladas que vegetaban en estado salvaje y que fueron identificadas mediante técnicas de reconocimiento de ADN.

En total, más de 180 plantas entre las que aparecieron algunas de Berués, un tesoro perdido inexplicablemente. Las plantas encontradas han sido reproducidas en vivero y en junio de 2019 se ha realizado la primera plantación. Dada la poca cantidad de plantas encontradas inicialmente, habrá que esperar hasta 2023 para tener un volumen de uva suficiente que permita realizar las primeras elaboraciones de vino tinto y espumoso. Otro punto interesante a destacar dentro de este proyecto es el estudio de las levaduras presentes en los racimos de las plantas encontradas, con el objetivo de determinar si son diferentes a las que se encuentran en los viñedos actuales. De ser distintas, se procederá a su reproducción y se usarán en las elaboraciones con el fin de conseguir vinos totalmente singulares.